No recuerdo muy bien por qué empecé a estudiar periodismo. Siempre había sido una buena estudiante. Dedicada, con gran fuerza de voluntad y metódica. Para mí la perfección era sacar notas altas. Recuerdo perfectamente cómo me convertí en una niña aplicada y empecé a pensar, “o les gusto a los demás o no sobrevivo”. Cuando era pequeña, con tan sólo 9 años, tuve un profesor que era muy exigente. Si le defraudábamos porque no llegamos a alcanzar su idea de rendimiento escolar, nos pegaba. Toda la clase estaba atemorizada. Así que empecé a estudiar muy en serio.

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